viernes, 13 de enero de 2012

La vida como proyecto



Hace ahora un par de años iba conduciendo de vuelta a casa. Sentía tal tristeza dentro, inmensa y punzante, que las lágrimas me rodaban por las mejillas sin que yo quisiera hacer absolutamente nada por evitarlo. Me sentía impotente, rendida y resignada. En ese momento, casualmente sonó en la radio del coche la canción Color esperanza de Diego Torres. Por primera vez paré atención a la letra, redescubrí este canto a la perseverancia y la paciencia y sentí la fuerza de sus palabras, pero especialmente la frase Vale más poder brillar que sólo buscar ver el sol.

Y entonces algo cambió dentro de mí, escuchando esa canción. Escuchándola de verdad por vez primera. Paró el llanto y nació una convicción, una certeza. Habló mi propia esperanza. Supe que era el momento de aceptar lo inevitable, que había llegado la hora de dejar de buscar el sol para recuperar mi luz interior. Y presentí que la música me iba a acompañar y guiar en ese camino de duelo y búsqueda.

Aquel día, al llegar a casa busqué el video, lo ví bastantes veces seguidas y lloré. Después abrí un perfil en Blip.tv y colgué esa URL.

Han pasado dos años y hoy hay 500 canciones.
Canciones que he ido agrupando en el día a día.
Canciones que otros mencionaron o colgaron en FB.
Canciones que sonaron al encender la radio o spotify.
Canciones que alguien me envió, me recomendó o regaló.
Canciones que descubrí por un anuncio o por una película.
Canciones con las que soñé o que descubrí estar tatareando.
Canciones que me aportaron luz, abrigo, mensaje y esperanza.
Canciones que me enseñaron a callar, a escuchar, a comprender.
Canciones que ampliaron mi repertorio de autores, grupos, géneros.
Canciones que fui recogiendo como flores que ya forman un mismo ramo.

En definitiva canciones compañeras de trayecto que llegaron a mí por casualidad, o no, y que cada cual a su manera, me ayudaron a seguir adelante, a saltar, gritar, llorar, reir, imaginar, cicatrizar, extrañar, bailar, quebrarme, sanarme, respetar, traducir, silbar, vibrar, estremecerme, enviar, desplegarme, levantarme, maldecir, recordar, repetir, escribir, excitarme, dedicar, adorar, identificarme, relajarme, viajar, tatarear, balancearme, replegarme, aquietarme, agradecer, conectar, desconectar, reconectar, emocionarme, anticipar, activarme, volar, regalar, aceptar y reencontrarme...

Todo eso, y muchas sensaciones y situaciones, asocio ahora con la música. Aprendí a ver el mundo a través de sus letras, sus voces, sus emociones. Recordé que todos (todos!!!) sentimos un montón de cosas aunque a veces no sabemos cómo expresarlas. Comprobé que las alegrías y penas personales son, en el fondo, universales. Y que la música nos ayuda a llegar a territorios donde ni siquiera rozan las palabras.



Casualidad o no, qué más da, la última canción por el momento, la que ha llegado hoy, fue I won't give up. Otro canto a la perseverancia, al amor, al futuro, a continuar este proyecto... hasta donde la vida me lleve...

Por mi profesión, me he acostumbrado a trabajar por proyectos, encargados por diversos  clientes. Quizás por ello, por ir interiorizando con el paso de los años esta determinada forma de trabajar, he llegado a observar la vida (mi propia vida) como un proyecto que cada cual concibe, desarrolla, gestiona de forma consciente y que es el resultado de actitudes, creencias, decisiones y renuncias, y de una actitud de responsabilidad frente a cada una de ellas. Por lo que he ido viendo, nace una idea dentro de mí, y un porqué o intuición me anima a desplegarla, desarrollarla a la par que otras, madurarla aun sin tener muy claro cómo culminará, sin ni siquiera concebir un fin. Despacito, escuchando bien lo que hay a mi alrededor, observando con atención plena cómo me siento en el proceso, aprendiendo del trayecto, dejándola reposar cuando me bloqueo y retomándola cuando me lo pide el cuerpo, integrando lo que voy encontrando, abierta a cambiar de rumbo, a readaptarme en función de las circunstancias. Así empezó esa carpeta de canciones y así empezó también aprendizdepanadera, hace más de cuatro años...

Alguien que me quiere mucho (tanto como yo la quiero a ella!) me dijo que así trabajan los artistas, van evolucionando y creando sin marcarse una meta, viven inmersos en el proceso de cambio. Y yo volví a llorar al escuchar sus palabras, pero esa vez era de felicidad, al comprobar que estaba recuperando la ilusión y la creatividad perdidas y empezaba a brillar con luz propia.