jueves, 25 de marzo de 2010

Un desayuno, dos desayunos,...

Panecillo con copos de avena (1,80). Mermelada de naranja amarga (1,63). Un desayuno tan rico, entre semana, no tiene precio. (el corazón de mermelada es pura casualidad!)

Después de escuchar varias alabanzas y leer algunas recomendaciones, entre ellas la del blog cafeymas, esta semana tuve la ocasión de pasar la tarde en la cafetería y panadería Fibonacci pan y café del Portixol, que se abrió a primeros de marzo (desde septiembre tienen otro local en Ciudad Jardín). Precisamente en el blog cafeymas se comenta el nombre del local, que proviene de Leonardo de Pisa, alias Fibonacci, matemático italiano conocido por haber difundido en Europa el sistema de numeración arábiga actualmente utilizado, el que emplea notación posicional (de base 10, o decimal) y un dígito de valor nulo: el cero; y por idear la sucesión de Fibonacci (surgida como consecuencia del estudio del crecimiento de las poblaciones de conejos): 1, 1, 2, 3, 5, 8 etc. Según la sucesión de Fibonacci, el primer elemento es 0, el segundo es 1 y cada elemento restante es la suma de los dos anteriores.

El café que me tomé estaba riquísimo -parecía más bien un capuccino- y pude compartir un bollo scone con pepitas de chocolate y ralladura de naranja que tampoco estaba nada mal, aunque me quedé con las ganas de pedirle a la encargada que lo entibiara un poco. Creo que hubiera ayudado a revivirle los aromas y hubiera mejorado la textura, porque a temperatura ambiente resultaba un poquito seco.

En la pared trasera del local se desplegaba una atractiva variedad de formas -panes redondos, rectangulares, ovalados, cuadrados, y algunos de ellos mostraban dibujos que evocaban un levado en banettones y moldes para pan- aportando una nota visual muy interesante en un local sobrio y minimalista. De entre los panes que había en esos momentos para llevar, era francamente difícil decidirse por uno porque todos tenían una pinta excelente. Yo me llevé este panecillo para desayunar al día siguiente. La razón del nombre continua siendo una incógnita para mí, pero por no romper la norma, decidí comprar un solo pan. La próxima vez, quizás compre dos.